LA BATALLA FINAL: OPINA LEO REGUEIRA

LA BATALLA FINAL: OPINA LEO REGUEIRA



El reconocido periodista de Carburando, uno de los más respetados del ambiente, se suma a los especialistas que opinan sobre este Campeonato Histórico de Pilotos de Arrecifes que “se corre por Twitter” a través de la cuenta @NotiArrecifes.

Escribe Leo Regueira:

MARCOS DI PALMA NO MIENTE

Dos fieles exponentes de distintas épocas. Dos embajadores de la Cuna de Campeones de ayer y hoy. Referentes de dos automovilismos diferentes. Luis Di Palma y Agustín Canapino llegaron a la final en la elección del mejor piloto arrecifeño de la historia. Con perfiles completamente distintos. El piloto del pueblo, “el Loco”; y el nuevo orgullo del pueblo, “el Cabezón”.

Difícil misión la de elegir entre uno u otro en esta encuesta, que tiene el valor especial de haber llegado a esta instancia final entre estos dos candidatos a través del voto de los propios arrecifeños y de algunos forasteros que nos metimos por la puerta de atrás en las redes sociales.

Aunque estos “juegos” siempre son interesantes para abrir el debate. ¿Quién fue el mejor? Con toda la subjetividad del caso, iré escribiendo para tratar de llegar a una conclusión que aún no tengo clara entre un piloto de raza vs. uno de laboratorio. En principio, es difícil elegir entre alguien que ya concretó su obra, frente a otro que está escribiendo su propia historia y que no encontró su techo todavía.

Luis traspasó todas las fronteras en sus tiempos de gloria. También en épocas de gran trascendencia del automovilismo. Brilló desde joven y hasta su ocaso lo impulsó la pasión. Ganó con todas las marcas y fue campeón del TC, también lo hizo con los Sport Prototipos, los monopostos (Mecánica Argentina F1), el TC2000 y el Súpercart. Quedó marcado por las 84 Horas de Nürburgring, también corrió en las 24 de Le Mans y en los Estados Unidos, por repasar a modo de título –y sin entrar en detalles- su enorme y exitosa trayectoria.

Así como “todos” estuvieron presentes en el Monumental para ver el gol de Mario Kempes a los holandeses en la final del Mundial ’78, “todos” vieron las locuras y hazañas archiconocidas del jefe de la dinastía Di Palma en todos los rincones de Arrecifes. Eso lo convirtió en una leyenda local. Vanguardista y pionero en el arte del marketing. Extraordinario piloto, carismático, bohemio, autodidacta, obrero, talentoso… Un genio que perduró durante más de tres décadas de automovilismo.

Agustín Canapino es el nuevo ídolo del automovilismo. El mejor de la nueva camada. El último hijo pródigo de la Cuna de Campeones. De perfil bajo y sin estridencias. Un talentoso innato. Y de probeta. De esos pilotos tocados por la varita. El pibe de los logros heroicos. El de las grandes maniobras. Agresivo, pero con códigos. Defensor de sus amigos. La pesadilla de sus rivales.

Es el heredero de Guillermo Ortelli. El presente de Chevrolet. Referente indiscutido y bandera de una de las marcas más populares del país. El pibe que no paró de ganar y conseguir títulos desde que se subió a un auto de carreras, en todas las categorías. El campeón más joven del TC. El tretracampeón. El tricampeón consecutivo.

Obsesivo. Conocedor de cada secreto en el arte de manejar rápido. Y de ser piloto, con todo lo que eso implica. No es mecánico, como Luis, pero conoce los detalles de la ingeniería. Lo suficiente que se necesita hoy para ser piel y uña con la máquina. Un plus que tiene sobre sus rivales. Ganó 14 títulos en 15 años. Un talento de exportación que deslumbró en Brasil y en los Estados Unidos.

Durante el recibimiento que Arrecifes le brindó a Canapino, en diciembre pasado, para festejar el cuarto título de TC, entre la multitud y frente a la cámara de Carburando, Marcos Di Palma soltó una frase que hizo ruido: “Agustín es el más grande de la historia… Es mejor que mi papá”. Y en esta oportunidad voy a coincidir con el menor de la dinastía. Agustín entró en la galería de los grandes de la historia de nuestro automovilismo. Y todavía tiene varios capítulos por escribir.


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