Un hecho insólito se produjo en la sesión de anoche del Concejo Deliberante. Y vale la pena contextualizar la anécdota para graficarla mejor.

La sesión comenzó a las 20:30 y se extendía más de lo previsto; especialmente por debates sin sentido, retóricos, interminables, en temas que no revestían demasiada importancia y que, encima, se mandaban a comisión, por lo que correspondía debatirlos allí.

En este contexto, Walter Bochatay era uno de los que más hablaba. Y justamente se estaban tratado proyectos presentados por su bloque, el Frente Amplio Progresista, cuando una de las empleadas del Concejo ingresó al recinto y le habló al oído a este concejal. Eran aproximadamente las once de la noche.

Bochatay salió del recinto mientras la sesión continuaba. Y al cabo de unos cinco minutos regresó a su banca, apurado porque justo el presidente del Cuerpo, Marcos Pernicone, ponía a consideración un proyecto presentado por el concejal del FAP.

Como debía defender ese proyecto, Bochatay pidió la palabra pero no pudo arrancar con su exposición. Y sorprendió con una declaración insólita: “No me puedo concentrar porque se ve que alguien hizo una broma y me acaban de traer unas empanadas. Yo no las pedí. Yo no pude pedir nada porque nunca salí del recinto”, fue la desopilante aclaración del concejal en medio de la sesión. La carcajada fue generalizada, tanto de los ediles como los periodistas y el poco público presente.

Bochatay siguió un instante más sin poder concentrarse en el tema que se trataba, a lo que Pernicone le dijo: “No se preocupe, concejal; tenemos toda la noche”…

No se recuerda en la historia del Concejo Deliberate una situación similar. No se sabe si reírse o llorar.

 

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