En la última sesión ordinaria del Concejo Deliberante, por voto de la mayoría se decidió devolver a comisión para su estudio el proyecto del boleto estudiantil sólo para chicos que viajen Pergamino presentado por la Juventud Socialista.

Sin estudio y sin una propuesta para llevarlo a cabo, el concejal socialista y presidente de la comisión de Presupuesto, Walter Bochatay, lo trajo al recinto para su aprobación, aún sin el acuerdo de algunos ediles opositores.

La votación volvió a dividirse entre oficialistas y opositores, como casi siempre sucede. Pero esta vez la minoría que representa el Frente para la Victoria contra los cuatro bloques de la oposición unidos, no perdió. El voto de Gladys Rapachi (Todos por Arrecifes) igualó la votación siete a siete, apoyando la vuelta del proyecto a comisión para seguir analizándolo. Fue entonces cuando el presidente del Concejo, Marcos Pernicone, tuvo que desempatar y el boleto estudiantil no se aprobó porque era de imposible ejecución, y sigue siendo estudiado.

Los jóvenes socialistas que observaban la sesión, salieron enojados, profiriendo algunos insultos hacia los concejales que no aprobaron lo que ellos querían y golpeando algunas puertas. Y cuando la concejal Rapachi salió del edificio del Concejo, se encontró con un cartel de los que portaba la JS apoyando la aprobación y con una raya en su auto.

Un concejal, por el sólo hecho de votar según su criterio, ¿tiene que sufrir que le rayen el auto? ¿Esto no es una intimidación? Las respuestas son obvias.

Pero lo que llamó la atención (si bien Gladys Rapachi no quiso darle trascendencia el hecho), es que ningún concejal repudió este hecho. Ni siquiera el propio compañero de bloque de la concejal, Germán Olaeta.

No hace falta hacer mucha memoria para recordar en enérgico repudio de toda la oposición hacia los trabajadores municipales cuando éstos fueron al Concejo a pedir que se apruebe el presupuesto; si no, el Departamento Ejecutivo se hubiera visto obligado a recortarles las horas extras. Incluso Roberto Donnola renunció argumentando presiones y luego se arrepintió. Sin embargo, ahora nadie dijo nada y a la pobre Rapachi la dejaron sola, únicamente por no haber votado como el resto de la oposición quería.

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